Cantos y crónicas del México antiguo – Miguel León Portilla



Como había ocurrido antes en Egipto, Mesopotamia, India y China, también en las bastas extensiones de Mesoamérica –centro y sur de lo que hoy es México y regiones colindantes de la América Central– se desarrollaron procesos que, a través de milenios, culminaron en el florecimiento de nuevas formas de alta cultura y civilización.

También en Mesoamérica las estructuras sociales, religiosas, políticas y económicas se tornaron más complejas y a la vez más eficientes. Aparecieron ciudades y metrópolis con grandes recintos sagrados y asimismo palacios, escuelas, mercados y extensos conglomerados de casas habitación para la gente del pueblo. Esculturas de grandes proporciones, pinturas murales e inscripciones en templos y otros monumentos eran portadoras de diversas formas de significación. El comercio con tierras lejanas hacía posible el intercambio de muchos productos. Las metrópolis que, en diversas etapas, florecieron, llegaron a ejercer su imperio sobre otras muchas ciudades y pueblos cuyos moradores no sólo acataban la autoridad de su supremo gobernante sino que también cumplían puntuales con el pago de tributos.

Así, cuando desde la perspectiva europea, se descubrió a los pueblos de Mesoamérica, considerando que a partir de su conquista en las primeras décadas del XVI entraban por fin en el mundo de la historia y la civilización, los mesoamericanos eran en realidad herederos ya de un largo y rico paso cultural con varios momentos de esplendor y también de decadencia.

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